La terapia Psicomotora: Una aventura compartida

LA TERAPIA PSICOMOTORA : UNA AVENTURA COMPARTIDA”
Texto para este capítulo del libro “EXPERTO EN PSICOMOTRICIDAD”

NUESTRO MODO DE INTERVENCIÓN

La Intervención Terapéutica es un descubrimiento recíproco .
Es intercambio , interacción , empatía , reciprocidad ,disponibilidad .
Es ponerse en el lugar del otro , “ en los zapatos del otro” : yo soy interesante para el otro y el otro para mí.
Es ayudar en las dificultades del desarrollo. Un constante y largo trabajo de acompañamiento.
“Trabajamos sobre lo que el niño nos da”.
Acompañamos en y estimulamos, las posibilidades y potencialidades .
Se atiende al niño en su globalidad , por lo que es importante tener en cuenta su contexto de vida y de relación.
También debemos estar atentos a los síntomas , no para actuar sobre ellos sino para tenerlos en cuenta .
Los síntomas tienen un sentido ; son una proyección , una somatización y es a partir de esto, cómo intervenimos sobre ellos. Es importante que el niño no se sienta abrumado por los síntomas; no hay que dejarle solo con su síntoma.
Aceptamos los límites como una realidad ; el límite como potencialidad.
Que el terapeuta de al límite un nuevo sentido , es una propuesta terapéutica.
Llenamos de significado lo el niño nos está entregando ; vemos en sus manos sus limitaciones y las ponemos en nuestras manos.
Transformamos su acción en una acción con sentido , para él y para el otro . Le damos un nuevo sentido, al conectar su interior con algo exterior .
Le ayudamos a salir de la circularidad y tratamos de que desarrolle un saber de sí mismo desde la mirada del otro , desde lo que se le devuelve , trascendiendo lo que nos entrega.
Ayudamos a que sean sujetos de acción , con capacidad para dominar y transformar su realidad .
Tratamos de crear condiciones, para llenar de significado su acción:
una nueva manera de ser , un nuevo sentido a su acción, un nuevo saber de sí mismo.
Dosificamos esas condiciones , otorgando un sentido a sus movimientos , a su expresión , a sus respuestas … como gestos que conllevan un decir.

Lo que propiciará una relación positiva y trasferencial, será el vínculo inicial que se establece entre el niño y el terapeuta , a partir del cual será posible la intervención.
En la intervención surge una escucha desde lo corporal y lo simbólico. Intentamos un enganche entre acto-palabra-afecto y así crear el vínculo .
En el intercambio con los niños se juega totalmente el cuerpo , la palabra y la emoción.

EL PROYECTO TERAPÉUTICO

El instrumento de trabajo más decisivo para un terapeuta es la empatía, aspecto que no siempre se establece con facilidad.
La primera sesión es un momento crítico que puede , en ocasiones determinar la terapia .
La interacción requiere que haya una respuesta recíproca. En cada paciente-terapeuta se va creando un lenguaje propio.
Es importante transmitirle que existe la posibilidad de algo mejor.

Es necesario e importante saber cual es nuestro “proyecto terapéutico” , en cada momento , en cada sesión y a corto , medio y largo plazo.
Para ello es fundamental tener en cuenta el tiempo del niño y el tiempo terapéutico. Hay que saber esperar por él , pues, esperar por el otro, es” tener esperanza”.
Nada madura en un contexto ansiógeno ; la ansiedad provoca una ruptura en el tiempo . Por ello es importante no invadir , saber esperar , dar mayores tiempos a las propuestas y que tengan una regularidad ; también leer e intervenir a partir de las contrapropuestas que el niño da .

Las modificaciones en el niño dependen mucho de la oferta , del ambiente que el terapeuta propone . Es por ello muy importante pensar como activamos la intervención ; los estímulos. No en todos los espacios , ni con todos los objetos se dan las mismas respuestas ni las respuestas que nosotros pensamos , deseamos , esperamos.
Es necesario entonces saber qué proyecto hay ,cuando se le ofrece al niño determinados objetos, y qué objetos pueden ser mejor investidos por él.

Así pues el terapeuta , el psicomotricista , es un facilitador de lo que está ocurriendo ; es un creador de ámbitos de relación ; es un inventor de espacios , un mediador entre el niño y la realidad.

La intervención terapéutica necesita una constante supervisión por parte del terapeuta y del equipo de profesionales implicados:
Hay que mantener la esperanza en la intervención.
Mejorar constantemente la calidad de la intervención : espacios , tiempos , materiales…
Analizar las modificaciones que se producen para prever y preparar nuevas expectativas .
Ver las señales de cambios como evidencia del buen hacer terapéutico.

Jornadas: CLÍNICA DEL LAZO FAMILIAR Y SUS NUEVAS FORMAS. Ponencia de Luz García

Ponencia presentada en las Septimas jornadas de título CLÍNICA DEL LAZO FAMILIAR Y SUS NUEVAS FORMAS de la Escuela Lacaniana de Psicoanalisis ( Barcelona) por Luz García (miembro del Instituto de Psicomotricidade) cuyo título fué:

EL RARO SOY YO

EL RARO SOY YO

Los padres de Pedro vienen a verme a instancia de la escuela preocupados por el aislamiento del pequeño y por sus conductas peculiares cuya lógica no son capaces de entender.
Pedro es el mayor de dos hermanos. Su madre me cuenta que entre ella y el niño existe una gran complicidad “es mi vida, lo he dejado todo por él”, sin embargo comenta con pena la indiferencia del niño cuando se separaba de ella, “siempre ha sido raro, distinto”.
El padre está al margen, “es de su madre”, dice no contar nada para el niño “he tirado la toalla”. En realidad esta supuesta renuncia no es tal, ya que a medida que habla, confiesa que nunca ha existido el intento.
Lo que ellos relatan y los informes que traen de la escuela me alertan en el sentido de una posible psicosis, mi encuentro con Pedro va a confirmar mis sospechas. Es un niño aislado, solo, pero esto no viene acompañado de ningún sufrimiento para él. Es frío, distante, de mirada esquiva, la falta de empatía es total. Aparecen los trastornos del lenguaje, entonación peculiar, comprensión literal, incapacidad para entender metáforas, ironías, chistes… incapaz de crear vínculos ni familiares ni de ningún otro tipo.
Se trata pues de un niño psicótico cuyo análisis dura nueve años, Empiezo a verlo a la edad de ocho y continúa a día de hoy cuando es ya un adolescente de diecisiete.
Desde el primer momento, sorprendentemente, muestra interés por venir a verme, no falta a ninguna sesión.
Durante mucho tiempo, años, Pedro no trae a las sesiones nada de su vida cotidiana. Mis intentos de que me hable de estas cuestiones caen en saco roto, no le interesa en absoluto.
Su mundo esta invadido por la Play Station donde él puede elegir juegos y personajes a los que puede manejar a su antojo. Sus preferidos son los relacionados con situaciones violentas. Estos juegos de ordenador son para él la realidad. Lo que traslada a las sesiones es una prolongación de los mismos, y yo un personaje más.
Se muestra agresivo verbal y físicamente, pero paradójicamente al acabar la sesión pregunta placidamente ¿que toca el próximo día?
Con la intención de establecer otra relación con él, un día le cuento porqué me llamo Luz, mi padre era electricista. Esta intervención hace que algo cambie en él, introduce un orden en su discurso, las agresiones desaparecen y sentado frente a mi me dice “solo quiero hablar” aparece pues un primer espacio simbólico.

El tiempo de la demanda

Comienza entonces un tiempo que durará años en el que mi propia historia pasara a primer plano, demanda incansablemente que le cuente estas historias, anécdotas, que le hable de personajes que despiertan en él un interés apasionado. Van a suceder muchas cosas en este tiempo, pero el núcleo central va ser esta asimilación de mi propia biografía, que acaba haciendo suya identificándose con ella.
Paralelamente, con respecto a los otros, se muestra irónico, despreciativo y cuanto mas los rechaza más soberbio se muestra. No hay vinculo de ningún tipo, es incapaz de integrase en ningún discurso o lazo social, y además no le importa en absoluto.No hay nada en el otro que le interesa lo mas mínimo.
De su propia familia no tiene nada que decir, no es que se oponga, es que no hay nada que contar.
En un principio sólo quiere escuchar mis relatos, pero poco a poco empieza a tomar posiciones activas. Él, en mi lugar, haría esto o aquello, me interroga pero a mis respuestas añade modificaciones poniéndose como protagonista.

Un segundo tiempo: el interés por el otro, el cuerpo

Llegado un momento Pedro empieza a interesarse por los otros. El apaciguamiento que su posición de superioridad le ha permitido, se tambalea. Estamos al principio de la pubertad, su cuerpo empieza a cambiar y admite muy mal estos cambios. Ahora ya no es un aislamiento elegido, sus compañeros se ríen de él y lo que interpreta de esas risas es una burla de su cuerpo y no la extravagancia de su conducta.”No quiero crecer, quiero que me des una pastilla y seguir siempre así, venir aquí toda la vida”.
Esta ansioso y disgustado, no se encuentra en su cuerpo, no se reconoce en él y achaca sus dificultades de relación al rechazo que su aspecto produce en los otros. Empieza a aparecer entonces un Pedro vulnerable, lleno de miedos, desconcertado, incapaz de anticipar y entender las respuestas de los otros.
Me pregunta continuamente mi opinión sobre todo, si creo en Dios, a que partido voto…hasta cuestiones más cotidianas, sobre todo referidas a su encuentro con el otro, intentando a través de mis respuestas poder entender.
Por un acontecimiento casual se entera de que tengo una hija, y entonces ya no se trata sólo de lo que yo pienso o lo que yo opino, quiere saber cómo funciono como madre. De alguna manera suple la falta de referencias parentales buscando identificaciones a través de mí en un intento de “dar sentido”.
Sus padres siguen excluidos de las sesiones, pero ahora sí habla de sus compañeros y profesores, de su deseo de ser aceptado y de la vivencia del rechazo que ante lo incomprensible sólo puede tener una causa, su cuerpo. Cuerpo que él ve deformado, ridículo ,hasta el punto de justificarse ante los demás diciendo que se va a operar de cirugía estética, disculpándose, pidiendo de alguna manera un tiempo de espera, una oportunidad. Esta construcción delirante le permite dar sentido al rechazo, a las risas, al fracaso de sus intentos de aproximación al otro.

Un tercer momento, subjetivación de la diferencia

Cuando Pedro tiene ya 14 años llega a la sesión serio, muy triste, mirándome a los ojos me dice “Luz ahora ya se que el raro soy yo” . Aparece pues la subjetivación de la diferencia y este percibirse como diferente hace surgir la angustia, que queda contenida cuando le contesto “ yo estoy aquí “.
Me entrevisto con los padres a petición mía, curiosamente casi siempre he sido yo la que ha tenido que demandar estas reuniones. La angustia del niño es mucha y temo una desestabilización. Destaco esta entrevista no por lo que en ella se habló, si no por la reacción del niño, se muestra sorprendido de que su padre se interese por él, le extraña ese interés.
A partir de aquí su padre va a pasar a un primer plano en su discurso, siempre para ser criticado, despreciado “es un lila”, “no sabe nada” “no entiende nada”…Las sesiones girarán en torno a este padre hasta ahora inexistente, que no le ha enseñado cómo estar en la vida y que ahora es el centro de su discurso. “Yo nunca he tenido un padre, lo mas próximo a un padre es mi tío”. Este tío era el único personaje de su familia hacia el que había mostrado cierto interés.
Por lo que respecta a la madre su posición también cambia. Hasta ahora había contado para él, siempre con la impresión de que era él el que dominaba, que la manejaba a su antojo, a partir de ahora va a ser devaluada, pasa del “él es ” refiriéndose al padre a “son”, plural que incluye a los dos.
La figura de su tío pasa a ser pues el referente paterno y yo ocuparé el lugar de la madre hasta el punto de pedirme en varias ocasiones que lo adopte.

La relación con su cuerpo va a cambiar radicalmente. Ante sus continuas quejas sobre su fealdad “soy un monstruo” dice y ante la angustia que esto le genera le digo que yo no lo veo así que me parece guapo, que para mi es tan descabellado lo que me cuenta como si alguien me llamara a mi gorda , a lo que él contesta “solo tú me ves así ”incluyo entonces a otras personas con las que él se cruza habitualmente en la consulta. “Me desconciertas” me dice, pero de repente, como si hubiera descubierto un gran misterio, entusiasmado me dice “ ¡ya sé lo que pasa, solo soy feo en Cabral ¡” su barrio. Acepto la explicación y le digo que si eso es así Cabral es muy pequeño y el mundo muy grande. El alivio es inmediato, ha resuelto ser guapo, y este hecho va a cambiar radicalmente su posición ante los otros, especialmente ante las mujeres.
Empieza entonces a salir fuera de su barrio y descubre encantado que tiene éxito con las chicas, lo que confirma su teoría de que solo allí es visto como raro “fuera de Nebra ya no soy el bufón”.
A partir de este momento será su cuerpo, su aspecto físico, el que determine sus relaciones tanto de aceptación como de rechazo.
Con 16 años “liga” con una compañera de clase, le digo entonces “ves, a veces las cosas no son tan rígidas como tú las ves ¿o es que ahora eres guapo? “ te equivocas, me dice, sigo siendo feo, solo que soy el mas guapo de los feos”.
A día de hoy, Pedro ha terminado la enseñanza obligatoria, sale con sus amigos y tiene relaciones con chicas que incluyen el sexo. Esta inserción en el discurso social es muy precaria ya que cualquier atisbo de fracaso en su relación con las mujeres, hacen que su seguridad se tambalee.
Este año ha terminado la enseñanza obligatoria y se ha matriculado en un ciclo de formación , va a estudiar electricidad.
Sus padres han delegado sus funciones. Es conmigo con quien “negocia” estudios, horarios , conmigo habla de las cosas que le preocupan, de los otros, a los que en ocasiones es incapaz de comprender, del uso de drogas y sobre todo de su relación con las mujeres.
Esta dependencia transferencial conmigo, tan intensa implica una gran responsabilidad , pero estoy segura de que le ha permitido una apertura al mundo que de otro modo hubiera sido imposible. Es el manejo de la transferencia el que ha permitido a Pedro saber arreglárselas con su locura, el que ante los demás sea el raro pero no el loco.

Estudio del caso, diagnóstico y seguimiento

Entendemos el diagnóstico no como un cierre, sino como un punto de partida. Nos permite situar el problema, ver la posición parental ante él, señalar síntomas que no siempre coinciden con el motivo de la demanda.

En un segundo momento, y en función de lo escogido, se asigna al niño un terapeuta y se elabora un proyecto de intervención.prinnino.JPG

El seguimiento del caso es realizado por parte del equipo terapéutico. Se realizan supervisiones periódicas, así como reuniones con los padres, tanto a demanda del terapeuta como de ellos mismos.

Existe un contacto con la escuela o con prefesionales de otras disciplinas que están en relación con el niño, en los casos en que esto de considera necesario.

Artículos y opiniones

En esta sección nuestros terapeutas y colaboradores publicarán las nuevas experiencias así como artículos y conclusiones de nuestras actividades. En esta sección esperamos recibir sus opiniones y preguntas.